lunes, 28 de enero de 2008

Sabiduría

De repente, te dás cuenta que tu deseo te va a ser concedido.


Y resuena la perenne advertencia sobre tener cuidado con lo que deseás.


Ya en “Biplano”, hace 28 años, Richard Bach me dijo que podía tener lo que quisiera, si verdaderamente me importaba. Por ejemplo, esa moto brillante.


Solo que yo nunca quise una moto brillante, quise sabiduría. Como pidío Salomón, ni más ni menos.


Y los grandes bloques de creencias e ilusiones, que, como en un deshielo, se están desprendiendo dentro de mi, solo pueden preanunciar la creación de un gran vacío, un gran hueco.


Es un proceso desolador, que destruye, sin violencia, vastos territorios mentales, ideas sobre el futuro, sino el futuro mismo, ilusiones, fanatismos.


No van a quedar obligaciones, ni siquiera la de ser feliz, tán promocionada en estos tiempos.


No obtendré una lista de instrucciones, ni de mandamientos. Quedaré en el aire.


Solo persistirá una ley, interna, no escrita, que deberé “consultar” en cada momento y en cada caso. Por lo que resulta conveniente que haya desaparecido el futuro. Así uno se puede concentrar en lo único que existe, el presente.


Por supuesto que suena idiota decir “he conseguido la sabiduría”. Pero ya no tengo la obligación de no ser idiota. Y por supuesto que no he “conseguido” la sabiduría.


La expresión en palabras de estos hechos, no deja de parecer sacada de alguna serie orientalista pedorra, como “Kung Fu”:

  • “No somos individuos”.
  • “Brotamos del universo, como una hoja brota de un arbol”.
  • “El ‘yo’ no existe”.
  • “La muerte no existe”.
  • “Todo lo que vemos es apariencia”.
  • “El universo, o los muchos universos, son un gran juego, que Dios, (por llamarlo de alguna forma), juega consigo mismo, ya que es lo único que existe.


Todas frases que no tienen “sentido”; hasta que se les encuentra el sentido. Y se ve que encajan a la perfección, y explican, hasta el punto en que nuestro cerebro puede entender, muchas cosas. Y a la vez nos ponen un límite, un “non plus ultra”, no más allá.


Así que no se las decimos en serio a nadie. Porque no sirve que las digamos a nadie. Si alguien quiere llegar a ellas, lo hará.


Y para llegar a ellas, ya está dicho todo lo que hay que decir. Lao Tse, Alan Watts, Krishnamurti.


Y quien no quiera, está en todo su derecho de ignorarlas. Aún mis hijos…


Por supuesto que la gran mayoría de la gente decide ignorar estas cuestiones, y sufrir cuando les toca y alegrarse cuando les toca. Seguramente son los que mejor juegan.


¿Y cuales son las cosas que nos resultan más difíciles de explicar a los humanos? Nuestro origen, el papel del dolor, la crueldad de los dioses.


Esos dioses, que según el Tao, no se compadecen de los hombres.


El cerebro todavía pone trampas, como manotazos de ahogado, sugiriendo que tal vez, dentro de su compleja programación, estas “ideas” que me han venido, puedan ser simplemente otro de sus “estados estables”.


Lo malo es que puede tener razón…

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